El universo swinger está rodeado de mitos que, en su mayoría, nacen del desconocimiento. Uno de los más frecuentes es creer que este mundo es solo para personas promiscuas o parejas infelices. En realidad, la mayoría de quienes participan mantienen relaciones estables, buscan fortalecer su vínculo y explorarse juntos desde la honestidad y el consenso.​

Otro mito es que el swinger se asocia con sexo sin normas ni protección. Sin embargo, el sexo seguro y el respeto mutuo son pilares fundamentales dentro de la comunidad. Se promueve el uso de preservativos y el consentimiento explícito como prácticas básicas, tanto en encuentros casuales como en reuniones organizadas.​

Existe la creencia de que el ambiente swinger solo genera celos y conflictos. Si bien los sentimientos pueden surgir, las parejas más exitosas en este estilo de vida son aquellas que dialogan sin tabúes acerca de sus límites, emociones y necesidades. Muchos encuentran que la práctica swinger refuerza la complicidad y la comunicación interna, dinamitando rutinas y reavivando la pasión.​

Por último, algunos piensan que este mundo es solo para parejas heterosexuales o para personas muy jóvenes. En verdad, el swinger es tan amplio como diversas son las relaciones humanas, acogiendo todo tipo de parejas, orientaciones y edades adultas. Lo importante es la mente abierta y el entusiasmo por vivir nuevas experiencias en consenso.